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Desafíos del Colegio Bernardo O'Higgins

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Si bien las clases online parecen ser una tónica en el modelo educativo en contexto de pandemia, son muchas las familias que por diversos motivos no pueden acceder a ellas, por lo que han sido variados los esfuerzos del emblemático establecimiento de la capital regional que este año cumple 10 años.

Lunes 15 de junio y a las 09:00 horas en punto sale un bus desde las dependencias del Colegio Bernardo O’Higgins de La Serena con profesionales a bordo. ¿La misión? Visitar estudiantes y familias de la comunidad educativa para hacer acompañamiento y entregar material de estudio a los domicilios de quienes están imposibilitados de acceder a las clases online, y así nadie quede fuera del proceso educativo.

A bordo del bus, cuya primera parada será en Las Barrancas, y cumpliendo con todos los protocolos de seguridad ante el Covid-19, va la asistente social, Claudia Rojas; la educadora diferencial, María Fernanda Aquea; la psicóloga, Camila Vega y el administrativo Juan Adones.

Sin embargo, ellos son la cara visible de un trabajo articulado y que forma parte de un esfuerzo mancomunado entre todos los estamentos del colegio.
Trabajo conjunto
Según las palabras de la directora académica del establecimiento, que este año ya cumplió 10 años de vida, Macarena Ardiles, “todos los estamentos han sido muy importantes para este trabajo, porque realmente estamos todos haciendo nuestros aportes”. Además, Ardiles agrega que “normalmente se ve el trabajo de los profesores, pero también están los inspectores, el departamento de convivencia escolar, orientación, la asistencia social, la unidad técnica pedagógica y todos los niveles y que hemos intentado articular, porque aquí hay un encadenamiento, ya que ningún estamento puede trabajar sin el trabajo del otro”.
 
Sobre este asunto, la directora administrativa del establecimiento, Elizabeth Ardiles, sostiene que “desde el primer día en que se presentó el problema COVID-19 y casi sin dimensionar lo que esto traería para nuestra unidad educativa, ciudad, país, tomé la decisión de que no se escatimarían esfuerzos para estar cerca de mis estudiantes y funcionarios”.

La clave del colegio es no dejar a nadie fuera. Cuando se suspendieron las clases presenciales el 16 de marzo, comenzó el trabajo en línea con modalidad de guías para luego ir dando paso a material semanal subido a plataforma web y clases online.

Esto, según la directiva, es parte de tener conciencia social: “esta viene con uno y se desarrolla en el lugar y con las personas que participan en tu crecimiento, y yo tuve la suerte de crecer junto a unos padres maravillosos, muy apegados a Dios y que vivían sus mandamientos y de ellos aprendí que hay que ayudar, apoyar y acompañar a los que lo necesitan”.

Sobre las clases online, la directora académica sostiene que “la verdad de las cosas es que uno empieza a ver quién está con conectividad, quién no, quién recibe guías, cómo las recibe, cómo las recepcionamos, entre otros detalles, lo que es un trabajo de todos, y siempre tratamos de apuntar a la equidad, que es sinónimo de igualdad para todos”, esgrime.

Todo esto ha sido un trabajo arduo que la directora administrativa valora enormemente. “Agradezco el compromiso con su gestión, la capacidad de entrega de los profesores con sus alumnos, y de todos, su pronta respuesta cuando los necesito para diferentes actividades que en esta mente inquieta surgen, como por ejemplo, el festival de la voz, concurso histórico y de pintura que se llevan a cabo en el contexto de nuestro décimo aniversario”.

Además, Elizabeth Ardiles destaca “la diligencia y paciencia del equipo directivo para hacer de ellos mis sugerencias, estando en todo momento a la altura de los requerimientos”.

Sin embargo, el trabajo más visible es el de los profesores, pero Ardiles sostiene que “también es importantísimo mi equipo administrativo, que trabaja directamente a mi lado y que en ninguna entrevista ha sido jamás nombrado, le agradezco todo, sus tiempos, el venir a trabajar todos los días, el no haberme dejado nunca sola, su prontitud y pulcritud para realizar su gestión, incluso su sonrisa cuando en oportunidades les he pedido hacer lo que a otros les corresponde”, culminando con “los auxiliares de servicio y su constante trabajo para mantener el colegio sanitizado a diario como si nuestros alumnos ya fueran a llegar”.
Trabajar en esta modalidad con alto índice de vulnerabilidad
El Colegio Bernardo O’Higgins de La Serena trabaja con un grado de vulnerabilidad sobre el 80 por ciento.

“Nosotros sabíamos que muchos no iban a poder conectarse a las clases online, pero también tenemos claro que los niños deben aprender y que de alguna manera tenemos que medir el impacto de ese aprendizaje, y más que el impacto, saber qué calidad de aprendizaje les estamos entregando, independiente que sea a distancia o que sea presencial”, indica la directora académica.

Desde el establecimiento de más de 1200 matrículas, aseguran que los estudiantes no son un número, y desde el primer día de suspensión de clases presenciales se comenzó el catastro. “Hicimos un seguimiento porque queríamos saber la realidad de cada uno de ellos, lo que fue un trabajo bastante arduo donde el grueso se lo han llevado los inspectores, que a la larga son ellos quienes han hecho el acercamiento de las familias con el colegio, son quienes han generado y mantenido el vínculo con la comunidad, y eso los apoderados lo agradecen, algo que nos motiva a seguir”, esgrime Ardiles.

En ese catastro es que en el establecimiento pudieron saber que cerca de un 10 por ciento de la matrícula no podía optar a las clases online, sea por no tener conectividad, por no tener los implementos necesarios para conectarse u  otras razones, como tener los elementos tecnológicos como computador o celular, pero no una señal estable en casos rurales.

“Trabajar en un colegio de estas características tiene más requerimientos sociales, eso es muy cierto, pero, aunque no se crea, en toda agrupación humana en donde nos desempeñemos hay necesidades que ponen a prueba nuestra sensibilidad y hay que responder con una escucha atenta, con un abrazo o con un ‘yo te entiendo, cuenta conmigo, yo estoy aquí’; no solo soy la administradora, soy un ser humano que siente y que sufre con todo lo que pasa y nos pasa”, esgrime Elizabeth Ardiles.
 
En la misma línea, la directora administrativa comenta que “en lo social, cuando esto comenzó y empezamos a saber de su incidencia, me quedó clarísimo que aquí había mucho que hacer y le solicité a la directora académica y a la asistente social que monitorean junto con los profesores jefes la situación y así empezamos a llegar a los estudiantes y sus familias”.



Así, luego de tener claro el panorama, 70 familias recibieron un computador de parte del colegio, beneficiando a 86 estudiantes.
 
“En un esfuerzo muy grande, el colegio también contrató 50 planes de línea de teléfono con internet, de los cuales se han entregado 48, beneficiando a 56 estudiantes del establecimiento, logrando una cobertura de 134 estudiantes con algún equipo tecnológico para su estudio”, asegura la asistente social del establecimiento, Claudia Rojas.

 

Junto a ello, se estableció la necesidad de llevar material a estudiantes de zonas rurales sin posibilidad de conectividad. “También contemplamos en algunos casos entrega de alimentos, porque no hay aprendizaje si no hay bienestar socioemocional”, agrega Ardiles.


Sin embargo, el catastro no fue algo fácil, ya que ha significado esfuerzos de todos los estamentos del colegio. “Cuando recién comenzó, la primera estrategia fue armar guías en las diferentes asignaturas, y nuestro primer desafío fue un trabajo mancomunado con los profesores jefes y así saber cuántos niños no podían imprimir el material”, comenta Rojas, quien asegura que el inicio del proceso fue “una prueba de fuego, porque no sabíamos cómo hacerlo y tuvimos que aprender sobre la marcha”.
 
Aún así, a pesar de tener aparentemente cubiertas las necesidades de los estudiantes, Rojas asegura que “a medida que pasa el tiempo aparecen más necesidades y casos a los que debemos dar cobertura, por lo que estamos constantemente haciendo catastros”.

Estos catastros que indica Rojas, según ella no serían posibles sin un trabajo conjunto con los inspectores. “Son ellos quienes hacen constante seguimiento a los niños y nos entregan la información necesaria para poder trabajar”, sostiene.
 
La asistente social del establecimiento asegura que “nadie sabe cuánto va a durar esta situación, pero dure cuanto dure vamos a estar para apoyar no sólo a nuestros estudiantes, sino también a las familias”. Además, enfatiza que “tenemos que acompañar hoy, pero luego habrá otro trabajo cuando vuelvan, por lo que en vez de terminar aquí, a la vuelta también hay mucho que tendremos que asumir como colegio”

Pero todos los esfuerzos al parecer no han sido en vano. Según la directora académica, Macarena Ardiles, las cifras respaldan el impacto que ha tenido su esfuerzo, logrando cada vez menor ausentismo, “porque la respuesta de los niños ha sido significativa y va a seguir aumentando esa significancia, se van a seguir conectando, van a seguir trabajando”, asegura.

Y el trabajo no sólo ha sido hacia fuera, sino también hacia dentro. “Otra gran necesidad ha sido preparar el colegio dándole la mayor seguridad a los funcionarios y apoderados que concurren y también prepararlo para los nuevos tiempos, dotando a todas las salas de clases con dispensadores de alcohol gel, los baños con dispensadores de jabón y toalla de papel, marcando espacios seguros, adquiriendo equipos de motopulverización para sanitizar el colegio a diario”, asegura Elizabeth Ardiles.


Motopulverizador Tomahawk (2 unidades)


Dispensadores de alcohol gel en todas las salas de clases

 
Junto a ello, se implementó también el uso de termómetros IR y dos cámaras termográficas capaz de registrar la temperatura de un grupo de personas en segundos dejando registrado el dato de cada uno de ellos con una fotografía. Además, se suma que “en el caso de algunas salas más antiguas que tenían pisos no apropiados, se les cambió por cerámico, más fácil de limpiar y sanitizar, quedando de esta forma todas nuestras aulas en igualdad de condiciones”, indica la directora administrativa.


Camara IR para control de temperatura con IA
Mantiene registro fotográfico con dato de T° de cada persona que es controlada
Sistema de alerta en caso de exceder los parámetros indicados por la autoridad sanitaria
Programa de Integración Escolar
Quienes tampoco se pueden quedar fuera de todo este proceso, según el establecimiento, son los estudiantes del Programa de Integración Escolar (PIE).
Con cerca de dos centenares de estudiantes con necesidades educativas especiales (NEE) entre permanentes y transitorios, hubo que pensar también en ellos en tema de cobertura.

El establecimiento cuenta hoy con 35 niños con NEE permanentes, donde se encuentran discapacidad auditiva, síndrome de Down, baja visión, déficit intelectual leve y moderado y 20 niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA).

“Nuestra primera estrategia fue abocarse a los niños con necesidades educativas especiales permanentes más que a los transitorios, porque son los más complejos y que requieren trabajo más específicos, donde hay un acompañamiento diario”, explica la coordinadora del programa de integración para enseñanza básica, Karina Arancibia.

Comunicarse con ellos y con sus familias fue el primer paso dentro del contexto. Posterior a eso, según Arancibia, “comenzamos a apoyar con planificación, porque el equipo de trabajo se basa en el desarrollo de la clase como enseñanza”. Sin embargo, al comienzo fue difícil porque “PIE apoyó a todas las asignaturas en sus guías, pero por el alto trabajo que eso significa nos terminamos quedando con las cuatro asignaturas nucleares en educación básica y con matemática y lenguaje en educación media”, agrega. Cabe destacar que las asignaturas nucleares corresponden a historia, lenguaje, matemática y ciencias.

Sobre el comienzo de la pandemia, la coordinadora de PIE para enseñanza media y jefa de la unidad técnica pedagógica, Fabiola Moreno, confiesa que “tomamos algunas decisiones erráticas, porque era algo nuevo y jamás pensamos que iba a durar tanto”. Ante ello, sostiene que “quisimos llevar a la casa lo que se iba a hacer en el aula, con guías, contenidos y otros”.

Sin embargo, al poco andar, el equipo dio una vuelta de timón. “Pusimos un freno, nos dimos cuenta que se iba a alargar en el tiempo y hemos tratado de afinar el proceso, creo que con bastante asertividad”, asegura Moreno.

El trabajo de PIE se basa en tres pilares fundamentales: necesidades educativas especiales transitorias y permanentes; trabajo colaborativo con los docentes y el apoyo que dan las psicólogas.

Sobre el primer pilar, Moreno explica que es “el trabajo que hacen las educadoras diferenciales con los estudiantes permanentes, recopilando información, haciendo videollamadas con ellos, registrando evidencia a través de portafolio, entre otras”.

Pero este año PIE ya había hecho un giro, y se está vinculando el área pedagógica con el programa de integración. “La idea es vincular y perfeccionar la planificación, apuntando a un trabajo colaborativo, donde las educadoras diferenciales pueden enriquecer la planificación para que todos los niños tengan acceso, para que haya una guía de aprendizaje, para que haya un recurso y que las clases puedan tener un lenguaje adecuado y desarrollo de habilidades específicas”, esgrime Moreno. Ante esto, enfatiza que “lo que pretendemos es que no se haga una planificación específica para cierto grupo, sino para todos, y no segmentar así a los estudiantes sin conectividad, por lo cual PIE enriquece este instrumento de evaluación”.

Luego de la vorágine, Moreno comenta que “hemos encontrado una forma de trabajar, pero siempre tenemos que perfeccionar, afinar, siempre hay detalles que se escapan, porque la educación es así, se mueve, vamos por un camino al principio y después siempre nos demos desviar para afinar detalles”.

A todo ese esfuerzo, se suma el trabajo de las fonoaudiólogas y psicólogas. “Las psicólogas no sólo atienden a los niños de PIE, sino que hacen un trabajo transversal a todo el colegio”, sostiene en tanto Arancibia.

Esta última comenta que “se creó un formulario en la página web en que cualquier niño o apoderado que necesite contención lo llena y la psicóloga se contacta con quien escribe casi de forma instantánea”. Así, se ha logrado trabajar en guías, también con niños con trastornos del sueño, otros con problemas de hábitos de estudio, contenciones y más.

Con todo esto, la directora académica del colegio, Macarena Ardiles, asegura que “hemos apuntado a todas las aristas, a trabajar con los profesores, apuntando a trabajar con los niños mediante los profesores jefe, apuntando a trabajar con las familias a través de espacios virtuales, hemos puesto psicólogas a disposición de las familias por si necesitan contención, entonces estamos pensando en todo lo que pueda haber, ser y tener”.
Respuesta de los beneficiados
Uno de los lugares donde no cuentan con internet es en el sector de Los Manantiales, en Cruz de Caña. Hasta ese lugar se dirigió el bus del colegio el pasado lunes 15 de junio y se seguirá dirigiendo semana a semana para retirar el material ya trabajado y entregar material nuevo a los estudiantes, junto con ofrecer un espacio de acompañamiento y contención.

De ese sector es Miguel Véliz, apoderado de tercero básico, quien comenta que “para nosotros ha sido difícil por el tema del internet, nos hemos tratado de mover con las guías, pero se dificulta por el tema de la distancia”, asegura.



Pero para que no sólo quede con la intención de trabajar, el colegio llega con sus profesionales, algo que dice “es muy bueno, me parece genial porque siempre es importante el apoyo del colegio, que esté encima de los niños, que los esté apoyando y apoyando también a las familias”.

Véliz asegura que “nos hemos sentido acompañados por el colegio, se nota el esfuerzo que están haciendo en venir acá, entregarnos las guías para mi hija y así ella no pierda el ritmo”.

El apoderado da “las gracias al colegio por preocuparse por los niños, y porque siempre ha estado a nuestro lado, se nota que la directora se la está jugando por el colegio y siempre que cambia algo lo hace para bien”.

Otro lugar visitado por los profesionales del establecimiento fue el sector de Nueva Vida, en Pan de Azúcar. Ahí fue visitada la estudiante Jasmín Santander, de segundo medio, junto a su apoderada, Erica Santander.

Según cuenta Jasmín, “es muy bueno el apoyo porque me siento bien con la visita de la psicóloga y la educadora diferencial, siento que no estoy sola”. La estudiante asegura que “no me puedo conectar a las clases por la señal, y me siento bien con que el colegio esté pendiente también de mí, de mi educación y me entregue guías; así no me he sentido aparte”.

Su apoderada, en tanto, esgrime que “este trabajo ha sido muy bueno porque vivimos muy lejos y con todo lo que está pasando de repente no podemos movilizarnos”. Además, agrega que “me parece importante que a mi hija se le ha acercado la psicóloga, la educadora diferencial y también ha tenido un apoyo constante de la profesora jefe”.

“Mi hija se siente acompañada, apoyada por el colegio, y yo estoy muy contenta por todo lo que está haciendo el colegio, porque sé que es un esfuerzo muy grande venir hasta tan lejos”, puntualiza la apoderada.

De una opinión similar es Nancy Alvarado, apoderada suplente y abuela de estudiante de tercero básico, quien considera que “es importante que el colegio haga esto para que el niño no pierda su ritmo de estudio”. Además, Alvarado sostiene que “se nota el esfuerzo del colegio para que ningún niño se quede fuera, y esto nos deja contentas con la mamá y nos incentiva a seguir trabajando y no perder el año”.  

Finalmente, quien también comenta sobre el trabajo del colegio durante la pandemia es Rosa Saavedra, del sector de Barrancas, apoderada de estudiantes de primero y octavo básico.

Apoderada nueva este año, Saavedra indica que “estamos agradecidas que las guías hayan llegado hasta acá, porque aquí no tenemos WiFi ni tampoco ciber, y de verdad muy contentas porque jamás pensamos que nos iban a ayudar tanto”.

“Mi hija más chica es la más motivada y tiene muchas ganas de entrar al colegio, y después de almorzar lo único que quiere es hacer las tareas, así es que feliz de poder contar con las guías y agradezco el gran esfuerzo del colegio”, puntualiza Saavedra.

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